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Índices de Mª José

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Tomás Martín Tamayo

 

 

Personajes de mi Tierra, Sierra Mágina,
 que merecen ser conocidos

 
 
 

Nos visitaron
 

Una Trovera de Bedmar

 
 

¿Quién es María José Reyes?

Una mujer de mi pueblo, Bedmar.

Una Trovera que compone sus propios romances, y que los recita de memoria, quizá porque lo de las letras no se le dé muy bien.

Seguramente, tiene un mote; un mote hermosísimo, de esos que quedan en mi pueblo, pero yo no me lo sé.

La conocí el verano pasado, -Agosto de 2009- durante la Semana Cultural. Cuando subió al escenario del Centro Cultural, y nos regaló su romance, a lo más que alcancé fue a hacerle esa foto.

Luego, impresionada por tanta humanidad, pregunté por ella y, ya se sabe: en un pueblo, deseguida te dicen quién es quién.

Pedí que me dieran el poema escrito, y todos me dijeron: ¡Pero, chiquilla! Mª José no necesita escribir lo que compone. Está en la Escuela de Adultos, y ha ganado ya varios premios recitando por nuestra Comarca.

Tuvo que ser nuestro inefable Cronista, José Manuel Troyano Viedma, quien, con su buen hacer habitual, me enviara el romance, y una reseña entrañable de la Trovera. Así fue como me enteré de su vida y de su categoría humana.

Desde este lugarcito mío, le rindo homenaje a Mª José, sacando a la luz lo que nos recitó desde su alma inocente y bellísima.

 

GRATITUD A NUESTROS MAYORES

 

En Bedmar…

Cuánto han cambiado los tiempos

y obligaciones aquéllas

de ir a lavar al río

llevando la ropa acuestas,

lavarla y echarla al sol

sobre la tupida yerba

para que se blanqueara

regándola con frecuencia.

Otras veces a los hornos,

el canasto a la cabeza,

iban a cocer el pan

que amasaban en la artesa.

O camino de la fuente,

el cántaro a la cadera

y en la otra cadera el niño

que no dormía la siesta

pues no había cochecitos

ni cuartos para niñeras

y cada mujer tenía,

de niños, media docena.

Digo por término medio

y no me paso en la cuenta.

¡Qué mujeres las de antaño

en Bedmar!

Cuánta lucha, cuánta entrega

para sacar la familia

a veces con tal miseria

de no tener para el hijo

ni un cacho de pan siquiera.

Pero siempre confiaron

en Dios y en su providencia,

el que mantiene a las aves

que no siembran ni cosechan

y que a los lirios los viste

con más galas que la ciencia.

Hoy en Bedmar…

han cambiado los tiempos

y las labores aquellas.

¿Quién no tiene lavadora

automática, de esas

que lavan y dan blancura

y dejan la ropa seca?

El frigorífico lleno

y colmada la despensa,

y por supuesto, pan tierno,

que lo duro se desecha.

A pesar de la abundancia

No nacen niños apenas.

Se dice que es sacrificio

en esta vida moderna,

que no hay que traer el agua,

ni amasar pan en la artesa

ni que lavar los pañales,

ni dar a los niños teta.

Pañales de poner y tirar

se ofrecen en cualquier tienda

y en las farmacias, productos

como la leche materna

y por supuesto el dinero

en ningún medio escasea.

¡Se habla de sacrificio

Cuando la abundancia atesta!

¡Cuánto hay que agradecer

a aquellas madres y abuelas

tal vez por no ser modernas!

¡Cuántos debemos la vida

al sacrificio de ellas!

Una madre es una madre

con abundancia o sin ella,

pero la de la abundancia

no sabe el sufrir de aquélla

que un niño le pide pan

cuando no ha pan en la artesa.

 

Mª José Reyes Reyes

 

Gaviola de Aznaitín

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